LOS ANDES EN BICI

PASO SAN FRANCISCO

A algunos les gusta llamarla “la ruta de los seismiles”; a otros “la ruta de los volcanes”. Pero sea como sea que se la nombre, algo que no se modifica es que, una vez que lográs descubrirla, sin dudas va a ser un lugar muy difícil de olvidar y al que siempre vas a querer volver.

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LOS DATOS DEL CRUCE

INFORMACIÓN ÚTIL

Distancia Total: entre Fiambalá y Copiapó: 482 km

Terreno: del lado argentino el paso está completamente asfaltado hasta el límite internacional, en cambio en Chile la mayor parte del camino es de ripio en mal estado.

Tránsito: desde hace algunos años, la provincia de Catamarca comenzó a incentivar el turismo en toda la zona de la Ruta de los Seismiles, por lo que en la actualidad el paso San Francisco es medianamente transitado en verano.

*Agua: en el tramo argentino se encuentra agua sin dificultad a lo largo de todo el trayecto, pero en Chile el agua se vuelve un problema, y es necesario llevar agua para dos días como mínimo.

Época: la mejor época del año para cruzar es entre septiembre y diciembre. Se puede hacer en otros meses averiguando con anterioridad si el paso está abierto y es necesario tener mayor cuidado en época estival (enero-febrero) con las tormentas eléctricas y aludes, y en invierno (mayo-agosto) con las nevadas y bajas temperaturas.

Altura: llega a los 4726 msnm.

Frontera: los puestos de frontera no están unificados y se encuentran a 150 km de distancia el uno del otro, por lo que es importante verificar que el trámite de salida o entrada se realice como corresponde, para no tener futuras complicaciones. Para comprobar el trámite en cualquiera de los puestos se recibe una tarjeta migratoria que se deberá presentar obligatoriamente para poder pasar la próxima frontera. Si sos argentino o chileno solo hace falta presentar el documento de identidad y para extranjeros el pasaporte. Si entrás a Chile es muy probable que la aduana chilena te haga completar una declaración de la bicis con la que viajás especificando modelo y color.

Nafta para Msr: se puede cargar combustible en Fiambalá, Las Grutas y Copiapó.

Viento: comúnmente comienza a partir del mediodía desde el oeste. Es fuerte y constante, por lo que es recomendable si se cruza desde Argentina salir bien temprano para lograr avanzar sin tener que hacer grandes y desmoralizadores esfuerzos.

CRUCE #03: LA RUTA DE LOS VOLCANES

DIARIO DE VIAJE

“Sol, ¿te imaginás lo que sería hacer este camino en bicicleta?”.

Era noviembre de 2011, estábamos a 4000 metros de altura, en un Gol gris y sin aclimatación. Yo andaba muy concentrada en agarrar una botella de agua del piso sin bajar la cabeza para no apunarme y Javi soñaba en voz alta. “¡Ja, es imposible!”, dije. “Si camino cinco pasos seguidos y me agito, imaginate en bicicleta, ¡me muero de un paro cardíaco!”. Pero él no me prestaba demasiada atención y continuaba de cara a las montañas con esa mirada que a mí me gustaba tanto, porque los ojos le brillaban con fuerza y yo ya sabía que no había vuelta atrás.

Algunos tienen grandes fortunas, otros suerte o una carrera prestigiosa. Yo lo tengo a Javi.

Por eso, cinco años después un despertador sonaba insistente en un caño de colores que era parte de los juegos de una plaza, y los señores de limpieza de la municipalidad miraban algo desconcertados como dos ciclistas despeinados salían de adentro de él. Estábamos en Fiambalá y habíamos hecho uno de los vivac más divertidos de todos los viajes, gracias al señor de los ojitos con brillos, al que le encanta eso de no armar carpa y andar tirando la bolsa de dormir  en los lugares mas disparatados que existen. Desayunamos huevos revueltos, cargamos nafta en el msr y salimos con térmica y rompevientos porque la mañana estaba fresca. Íbamos rumbo al Paso de San Francisco y yo no podía dejar de pensar qué diría ahora la Sol de hace cinco años atrás.

El camino del lado argentino está completamente asfaltado, dándonos la oportunidad de ocupar la mirada en todo ese conjunto de rocas, formas increíbles, colores y contraluces. La primera vez que descubrimos la ruta de los seismiles, que es el nombre con el que se la conoce por estar rodeada de volcanes de esa altura, no lo podíamos creer. La belleza de aquel lugar nos desbordaba los ojos, íbamos en el auto con medio cuerpo afuera de las ventanillas y el asombro desencajado. Ahora volvíamos a recorrer los mismos paisajes pero esta vez en nuestras bicis y todo aquello que nos rodeaba se volvía poros, aliento y hogar. Teníamos refugios durante todo el trayecto, lo que nos daba una tranquilidad extra. Muchas casitas con leña en medio de las montañas esperándonos para protegernos del viento y el frío.

Entre refugios, pedaleos cantados y alegría fuimos subiendo metros sobre el nivel del mar: 3000, 3500, 4000. La cosa se empezó a complicar recién a mitad del tercer día, porque el viento se acordó de que era viento y quiso soplar bien fuerte para confirmar sus orígenes. Entonces tuvimos 30 kilómetros de ráfagas agotadoras y la lucha inevitable con esa vocecita interna que nos visitaba siempre en los momentos críticos: “que no puedo más… que así yo no sigo… que no vamos a llegar…que si hubiéramos salido más temprano, más tarde o no hubiéramos salido… que quién me manda a mí a andar cruzando 43 veces la cordillera”.

No nos hablábamos, no era necesario y sin embargo los dos sabíamos que el cansancio físico no importaba, porque el gran motor que nos mantenía en camino era mucho más complejo, maravilloso e infinito que un simple par de piernas.

A medida que subíamos, el entorno cambiaba sus formas para volverse todo puna e inmensidad. La vegetación daba paso a arena, minerales y rocas de colores bellísimos. Los cerros se volvían volcanes nevados y la brisa dejaba de ser placentera para convertirse en viento frío y fuerte. Piscis, Incahuasi, Ojos del Salado, San Francisco. El placer de estar pedaleando entre aquellos volcanes se volvió emoción y lágrimas.

Cuando finalmente llegamos a Las Grutas nos recibieron los 3 J, que a pesar de su  seudónimo no eran superhéroes ni personajes de una película de acción, sino mucho más que eso: los 3 J era como se hacían llamar los trabajadores de vialidad provincial que estaban en el refugio de las grutas a 4100 msnm, en verano e invierno, con sol, tormentas de nieve o 20 grados bajo cero, para recibirte entre chistes, encender la leña y abrigarte a su forma, con pan casero, una ducha caliente y música de acordeón. Nos dimos un día de descanso y termas para salir finalmente hacia el límite internacional. El camino subió un poco y otro poco más, pero la llegada se hizo cortita. 4726 msnm y la felicidad quiso ser baile. El cartel que dividía un país del otro marcaba también la frontera entre el asfalto y el ripio; a partir de ahora tocaba Chile y rebote.  Nos dijeron todo bajada, pero sin dudas supimos que íbamos a tener que pedalear y lamentablemente no nos equivocamos, ripio en malísimo estado, muchísimo viento en contra, y como resultado bajar a 8 km/h con mucho esfuerzo. Pero esta vez la vocecita no se atrevió a molestar, estábamos  4726 msnm en medio de Los Andes, rodeados por las montañas más lindas del mundo y nada podía ser más importante.