LOS ANDES EN BICI

PASO LIBERTADORES

Libertadores fue la contraposición entre la paz de la montaña y el tránsito continuo de automóviles y camiones. Fue un paso que comenzamos desganados y del que no esperábamos demasiadas sorpresas, pero que finalmente nos terminó enseñando que de La Cordillera siempre hay algo que aprender.

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GALERÍA

LOS DATOS DEL CRUCE

INFORMACIÓN ÚTIL

Distancia Total: entre Los Andes (Chile) y Uspallata (Argentina), 189 km.
Terreno: ruta de asfalto.
Tránsito: el tránsito continuo de turistas y camiones, sumado a la falta de banquinas por largos tramos, es una de las contras más grande de este recorrido, por lo que hay que tener mucha precaución al realizarlo.
Agua: hay poblados y puestos durante todo el tramo. El acceso al agua es permanente.
Viento: al igual que en toda la Cordillera, el viento sopla desde el oeste, pero al ser una ruta con escasas zonas altas y descampadas, el viento no es una complicación.
CRUCE #06: ``ALGO MÁS QUE TURISTAS Y CAMIONES``

DIARIO DE VIAJE

Tres días después de bajar del Paso Agua Negra, estábamos en la localidad de Los Andes con las alforjas nuevamente cargadas de fideos, arroz y polenta, para comenzar con el sexto de estos 43 cruces: el Paso de los Libertadores. Desde un principio sabíamos que iba a ser un cruce distinto. Hacía dos meses que veníamos inmersos en las montañas sin más compañía que vicuñas y flamencos, pero este paso se volvió un reto que nos costaba más que cualquier subida. Cientos de camiones, micros, autos y motos, a lo largo de todo el recorrido. Lo cual para nosotros significaba tener que ceder el silencio y la tranquilidad a la que veníamos acostumbrados. Por eso salimos de Los Andes tomando Libertadores como un simple trámite; era el primer paso que no nos provocaba curiosidad ni entusiasmo. Pero luego vinieron los caracoles, aquel paredón de zigzag que resultó más divertido que difícil. Y un lago escondido entre montañas nevadas. Vino el Aconcagua con su monumental presencia, los valles verdes, la vista desde el Cristo Redentor, el viento frío en la cara. Vino la Cordillera entera, hermosa y salvaje, sabia como siempre, para hacernos comprender que no importaba cuánto intentara el hombre con sus asfaltos, puentes y civilización, sus explosivos y mineras para lograr conquistarla, porque ella tenía el silencio del tiempo y el corazón latiendo en las entrañas de la vida. Y eso nunca jamás iba a poder ser domesticado. Finalmente llegamos a Uspallata, con un nuevo cruce en los ojos y las sonrisas intactas. Ahora, quedaba ir a buscar la camioneta que había quedado a “tan solo” 450 kilómetros en Rodeo, San Juan. Decidimos ir por Barreal y Calingasta, a lo largo de una ruta que alguna vez habíamos hecho en vehículo y que recordábamos bastante linda. Pero que esta vez se convirtió en uno de los mejores momentos que podemos recordar. Por eso, si hoy alguien me preguntara sobre algún tipo de dios, yo sin dudas le diría que lo busque en algún atardecer por la Cordillera Ansilta.